La cultura colombiana tejida en agua

echeverri clemencia - WW-013

Esta exposición habla de Colombia: de su relación con la naturaleza, de sus raíces y de su forma de respetar y actualizar sus tradiciones a través de una mirada contemporánea. Organizada por el Bard Graduate Center Gallery de Nueva York, viene ahora a Madrid, a Conde Duque, con ocasión de ArcoColombia. Su nombre, Tejedores de agua, se explica porque se articula en torno a dos ejes: tejidos y ríos, que quedan enfocados desde distintas disciplinas que se entrecruzan

En el recorrido que proponen los comisarios, José Roca, comisario adjunto de Arte Latinoamericano Estrellita B. Brodsky y en la Tate Modern y director artístico de Flora ars+natura, y Alejandro Martín, editor y comisario, la muestra van intercalando distintas disciplinas: arte, diseño gráfico, artesanía, audiovisual, mobiliario… Todas ellas demuestran que cultura y naturaleza se entrecruzan en una sociedad, la colombiana, muy determinada por la importancia que los ríos han jugado en su historia. La exposición lo deja ver y el libro, editado a propósito de la muestra y diseñado por Irma Boom, “Una crónica de ríos”, se organiza por los ríos que cruzan el país y recoge textos históricos sobre ellos: desde aproximaciones poéticas, un texto de Gabriel García Märquez sobre el río Magdalena o la carta de 16571 de Lope de Aguirre al rey de España cuando se declara un rebelde y describe los ríos Amazonas y Marañón desde la perspectiva de un guerrero: además se muestran imágenes del río, investigaciones… Es una pequeña joya que merece tanto la pena como acercarse, sin prisas, al Conde Duque.

Luz Blanco, por Olga de Amaral.

La pieza que recibe al visitante es como una síntesis de los dos ejes que decíamos que vertebran la exposición: el agua y los tejidos. Se trata de una obra de Olga de Amaral en la que una sucesión de bolsas de plástico sujetas a una urdimbre caen como si se tratara de una cascada. Se llama Luz blanca.

A continuación, se recoge parte del trabajo de investigación de Susana Mejía sobre pigmentos naturales en la Amazonia. De todo el material recogido, clasificado y catalogado, en Conde Duque se muestran unas fibras teñidas (el pique), el rastro de esos tintes en papel y monotipos que fueron hechos con plantas. Estas son seis de las once escogidas por ser las que más se usan en la parte del Amazonas colombiano. En Conde Duque las fibras quedan colgadas y forman una instalación en la que uno queda recogido para contemplar un vídeo de Alberto Baraya de 2005: Río. Aquí el protagonismo es del río, que no vive ajeno a la violencia, y eso lo siente el espectador.

Río, por Alberto Baraya, vídeo, 2005.

Volvemos sobre el trabajo de Susana Mejía porque es muy representativo de la filosofía de la exposición. Uno y otra son proyectos de investigación, buscan y recuperan raíces y logran un magnífico resultado estético. Su autora contó en la presentación de la exposición su experiencia: “Nosotros [ha trabajado con gente de los poblados, con botánicos, antropólogos, fotógrafos…] lo que queríamos era hablar sobre una región, sobre la Amazonia, sobre la destrucción de la selva y poner al espectador en la Amazonia pero no para hablar del agujero que se está haciendo sino mostrar lo más bello”. José Roca subraya otro interesante aspecto del proyecto y por el que está en la muestra: “Es una forma de investigar sobre un saber que si no se irá perdiendo. Es mucho trabajo: tomar las hojas, macerarlos, extraer los tonos y tejer una mochila o un vestido…, ya nadie lo hace”.

Color Amazonia, por Susana Mejía.

Interpretación del logotipo de Museo de Arte Moderno, por David Consuegra.

De códigos, lenguajes y resultados completamente distintos, hay un apartado dedicado a David Consuegra. Presenta a este artista reconocido como uno de los pioneros del diseño gráfico en Colombia. Formado en EE UU en los años 50, volvió a Colombia en los 60, fundó la primera facultad de diseño gráfico en el país y llevó a cabo importantes iniciativas para el desarrollo del arte gráfico en Colombia. En la exposición pueden conocerse algunas de ellas. José Roca las explica: “El Museo del Oro (museo muy importante que trata sobre las sociedades precolombinas, su relación con el mundo y en particular la orfebrería) le encargó que hiciera un libro y él escogió como cincuenta piezas precolombinas importantes y de cada una sacó un detallito. Después abstrajo es detallito –el borde, el motivo central…– y creó con los motivos este libro ‘Ornamentación calada en la orfebrería precolombina’  en serigrafía. Este libro se convirtió en una especie de inventario de formas que podría ser utilizado por otros diseñadores. A partir de este trabajo pionero muchísimos diseñadores y artistas en Colombia han utilizado diseños precolombinos en logotipos…”. Con trazos muy bellos, la importancia de este trabajo fue rescatar parte de la historia que se había aparcado y recuperarlo como fuente para el diseño. El comisario destaca también el trabajo de Consuegra para el Museo de Arte Moderno del Bogotá en los años 60: diseñó su logotipo y a partir de allí hizo todo tipo de variaciones, en las que se puede reconocer cierto aspecto de tejido. En la muestra se puede ver también una hermosa interpretación del Grupo Tangrama del trabajo de David Consuegra.

Pet lamp, de Álvaro Catalán de Ocón.

Álvaro Catalán Odón, diseñador español, tiene también un espacio en la exposición con un bello proyecto de iluminación que realizó en Colombia con botellas de plástico. El diseñador, que acudió a la presentación de la explosión en el Conde Duque, explicó su trabajo. “Es un poco tratar de resolver la contradicción intrínseca que hay en el objeto que es una vida útil muy corta pero hecho con un material que dura siglos en descomponerse. Darle una segunda oportunidad al objeto, valorando sus cualidades como la transparencia, la dureza, para tratar de resolver unos problemas técnicos propios del diseño de una pantalla de iluminación. La botella se convierte en la urdimbre sobre la que se teje la pantalla”. En Colombia –ha desarrollado este mismo proyectos en otros países– han trabajado con artesanos del Cauca desplazados en Bogotá por la guerrilla. “Crear un objeto que por sí mismo se defienda porque es sólido, atractivo y válido, lo que está dando la posibilidad de vivir a estos artesanos en Bogotá, haciendo lo que saben hacer”. 

Hacemos una última parada por este recorrido para aplaudir los dibujos de Abel Rodríguez, un indígena conocedor de la selva a quien, junto a otros indígenas, el proyecto colombiano-holandés Tropenbos solicitó colaboración para identificar plantas y a recoger sus detalles en papel con la intención de contribuir a su estudio y a preservar los bosques. Su maestría en el dibujo se demuestra en el fantástico calendario que muestra la exposición: doce dibujos que muestran el cambio del paisaje según las lluvías, la caída de las hojas, la aparición de animales… Tras este trabajo, que comenzó como parte de un proceso de investigación botánico, Abel Rodríguez ha recibido distintas invitaciones por parte de comisarios  artísticos.

 

 

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