Un viaje al tiempo en el que tejer era un verbo femenino y rural

Galicia y portugal tienen una larga tradición textil. No fue un sector urbano, ni industrial. Comenzó en una economía rural que se basaba en el autoconsumo con pequeños excedentes que daban pie al intercambio en ferias y mercadosUna anciana haciendo bolillo.

En un territorio tan aislado como el del noroeste peninsular, la vida rural tenía que ser autosuficiente. Así como en otras zonas de Europa los oficios artesanos se desarrollan alrededor de las primeras ciudades medievales, aquí surgen de la necesidad de proveerse de todo con lo que hay a mano. La agricultura, la pesca, la ganadería de subsistencia, aportan el sustento alimenticio. Los ríos, la fuerza hidráulica con la que moler, forjar, hacer papel y convertir en textiles las fibras del lino. En esa economía de autosuficiencia, la división del trabajo hace que el verbo tejer sea femenino y rural.
La Feria de la Artesanía de Ourense nos muestra el trabajo textil de hoy, en el que predomina una cuidadísima elaboración y un diseño contemporáneo. Pero hay, tras esa vanguardia estilística, toda una historia apegada al territorio de la que todavía podemos encontrar pequeñas comunidades que han conseguido que una labor ancestral sobreviva dos siglos después de la revolución industrial.

El lino

El cultivo del lino estaba muy extendido en Galicia y Portugal. Sus labores  estaban reservadas a las mujeres, no solo en lo que al tejido del hilo y la confección de los vestidos, sábanas, mantelerías se refiere. También al cultivo y  la propia elaboración del hilo.
Se trata de un proceso largo en el que hay que secar, empozar, mazar… Tras preparar el hilo, el lino tenía un doble uso: el primero y más importante, tejer. En tiempos en que era el único o la principal fibra textil, también se utilizaba para bordar, siguiendo distintas técnicas.
Desde el Douro al Eo podríamos localizar alrededor de una docena de áreas en las que el lino prevalece como fibra textil. El telar manual sigue siendo el principal instrumento con el que realizar los diferentes tejidos, tanto para vestuario como para el ajuar doméstico: sábanas, toallas, etcétera.

En paralelo al lino, la lana compartió protagonismo durante siglos en las labores textiles rurales. La raza autóctona de oveja gallega, al igual que otras establecidas en el noroeste, proporcionaban la materia prima para la elaboración de la lana. No era lana de gran calidad, pero a cambio también aportaba leche y carne. Mantas, abrigos, capas… la lana es hilada, urdida, tejida y compactada en el batán para alcanzar una  estructura más densa y resistente a las inclemencias del tiempo. Allí donde había más ganado ovino, más proliferaron los tejidos de lana: la Galicia interior, y en Portugal, Miranda do Douro, Mogadouro y Cabeceiras de Basto, donde fueron famosas las capas, las colchas de lana y las mantas de pisâo, respectivamente.

Aunque ahora sea el más común, el tejido de algodón fue el último en incorporarse. La hilatura a gran escala fue abaratando su coste y permitiendo la creación de una incipiente industria textil, tanto en Galicia como en el norte de Portugal. Y mientras en nuestros vecinos proliferaron las industrias de los tejidos domésticos, en Galicia lo hicieron los del vestido, alcanzando su punto de máximo esplendor con una factoría en Redondela, Regojo, que con dos mil trabajadores, llegó a ser la fábrica de camisas más grande de Europa.

Los bordados

Al margen del telar, que proporcionaba tejidos más o menos sencillos, las labores se enriquecían también con ornamentos desarrollados a partir de diferentes ténicas de bordado. La más popular en todo el territorio noroeste son los encajes de bolillos, que en Portugal reciben el nombre de “rendas de bilros”. La técnica procede de Flandes y se introduce en la península entre los siglos XVI y XVII. Los encajes se realizan mediante el tejido de distintos hilos de algodón, lino u otros materiales, que se enrollan previamente en bolillos y que se van manejando diestramente para seguir el diseño previamente dibujado sobre una cartulina que se coloca en una almohada, en la que se marcan los puntos del diseño mediante alfileres. No hay un tejido previo, sino que se va realizando siguiendo el modelo marcado. En otros casos, el bordado se realiza sobre un tejido ya hecho, como sucede en Guimaraes, en el que el tejido es de lino y los bordados de algodón teñido en el que se manejan hasta seis colores distintos, o los de las Terras de Sousa, en las que el tejido es de algodón y el bordado de lino.

En San Miguel da Carreira, una parroquia del municipio de Barcelos, se conservan los bordados de crivo. Se trata de una técnica de calado, en la que se van eliminando hilos de la trama y la urdimbre hasta desarrollar dibujos con motivos geométricos y vegetales. La técnica llegó desde Italia y se extendió por las casas hidalgas de la zona.

También en Portugal, en Celorico de Basto, se conserva un tipo de bordado que poco tiene que ver con la tradición rural del autoconsumo. Son los “bordados ricos”, desarrollados para cubrir las necesidades de los lujosos trajes ceremoniales de las familias más acomodadas y también para los servicios religiosos. Son los bordados realizados con hilo de oro sobre telas de lino en el caso de las casullas eclesiásticas, y de terciopelo en las vestimentas y ajuar de uso civil.

La seda

Bajo el titulo “Enredando”, la consellería de Economía e Industria lleva meses desarrollando una campaña de divulgación del ciclo de la seda por los colegios de Galicia. La cría de gusanos de seda fue una actividad muy extendida ente la población escolar hace medio siglo. Las fibras artificiales redujeron a un carácter meramente testimonial la producción de seda.
Sin embargo, todavía es posible conocer todo el proceso de la seda, desde el cultivo de  la morera, único alimento de los “bichos”, a la cría del gusano de seda, el aprovechamiento de sus capullos, la hilatura y el tejido, aunque para ello haya que viajar hasta los confines del distrito de Bragança por el Sur, a orillas del Douro, a un municipio de poco más de 240 kilómetros cuadrados en los que viven alrededor de 4.000 habitantes que se llama Freixo de Espada á Cinta. Un clima extremo, de cálidos veranos y gélidos inviernos, ha propiciado una economía basada en el olivo, el vino y la seda.
Las escasas artesanas que trabajan la seda en Freixo, no se asustan al fijar los precios de sus labores, que van desde los 160 euros por una camisa de bautismo, a los 10.000 en el caso de una colcha tejida y bordada en seda. Poseen el privilegio de ser las únicas en toda la Península Ibérica que realizan el ciclo completo, y probablemente las únicas de Europa, de ahí que su cartera de pedidos, procedentes de todo el mundo, se alarga hasta plazos que pueden superar el año de espera.

Fuente:

 http://www.laregion.es/articulo/la-revista/viaje-tiempo-tejer-era-verbo-femenino-y-rural/20150430140028540839.html


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