Picasso y las artes populares

El Museo de las Civilizaciones de Europa y el Mediterráneo anuncia ‘Un genio sin pedestal’, la primera exposición sobre Pablo Picasso y las artes populares.
La muestra presenta la hambrienta condición del artista como buscador de formas expresivas en las artes consideradas menores y despreciadas por el academicismo.
Está montada en torno a la amistad profunda de Picasso con carpinteros, tallistas, alfareros, toreros, constructores de juguetes, chapistas, creadores textiles…

Pablo Picasso, Serrure, vers 1955 Tapiz en lana realizado por Picasso en 1955 (Collection Albertini-Cohen / Photo David Giancatarina © Succession Picasso 2016)

El apetito artístico de Pablo Picasso era voraz y no tiene equivalencia en la historia. Durante una carrera que se extendió a lo largo de tres cuartos de siglo y con la no secundaria ayuda de una salud de hierro —que atribuía al vino, el sexo, la buena mesa, los cigarrillos y otros placeres no siempre bien vistos por los fanáticos de los hábitos supuestamente sanos—, firmó 13.500 cuadros, 100.000 grabados, 34.000 ilustraciones para libros y dibujos, 300 esculturas y cerámicas.

Los números redondos y sobrecogedores, que deben ser considerados como un cálculo reduccionista porque Picasso era un workaholic que nunca dejaba de crear bien y en mucha cantidad, han servido a algunos críticos para considerar que no es para tanto, que debemos ser menos complacientes con el legado de uno de los artistas clave de todos los tiempos. Hizo mucho, pero lo excelente es una consecuencia de la cantidad y no de la calidad media, vienen a decir.

Un par de declaraciones del español, al que han pretendido más de una vez definir como “español de nacimiento pero francés en lo artístico” —mantuvo la nacionalidad de origen pero nunca regresó al país natal desde 1934 como protesta contra la dictadura de Franco—, explican por qué trabajaba tanto y en frentes tan diferentes.

“Cada vez que he tenido algo que decir, lo he dicho tal como sentía que debía decirse. Motivos diferentes reclaman invariablemente medios de expresión diferentes”, explicó en una ocasión cuando le preguntaron la razón de tanta variedad de estilos, formatos y motivos. “El objeto del arte es quitar el polvo a la vida diaria de nuestras almas”, añadió en otra, dando por cerrado el debate estéril sobre las razones últimas de la creación.

La exposición Un génie sans piédestal (Un genio sin pedestal) —expresión tomada de un texto de 1988 del poeta y ensayista Michel Leiris sobre su amigo y admirado Picasso— propone un acercamiento diferente a la mil veces estudiada y otras tantas alabada producción del artista. La propuesta que acaba de ser presentada por el Museo de las Civilizaciones de Europa y el Mediterráneo de Marsella (MUCEM según las siglas francesas) ambiciona un análisis inédito: la relación de Picasso con las artes y tradiciones populares.

La gran exposición, programada para entre el 27 de abril y el 29 de agosto, “mostrará la forma en la que Picasso, consagrado a su época y profundamente vinculado a sus raíces al mismo tiempo, plasmó en su obra influencias tomadas de las artes y tradiciones populares”. Los organizadores han reunido varios centenares de piezas, tanto de Picasso como de sus muchos amigos artesanos, que dan una idea de la hambrienta condición del artista como buscador de formas expresivas en las artes consideradas menores y con frecuencia despreciadas por las academias, desde la alfarería hasta la talla en madera o el textil.

 La manera con que Picasso se acercaba a la artesanía era “casi sacra”, apuntan los organizadores, quienes también resaltan las fuentes “esencialmente españolas” de las que se nutrió. Como ejemplo de los temas y motivos recurrentes en la memoria y los recuerdos a los que tanta importancia daba el autor, se exponen cuadros como El acróbata azul (1929) en el muestra cómo le atraía el mundo del circo o El matador, una obra tardía (1970) en la que rebrota el torismo de Picasso, que hizo de las corridas y su mística un tema central.

La exposición está organizada en torno a los encuentros y la amistad que desarrolló de Picasso con creadores que habían demostrado un alto savoir-faire artesanal. Mucho más humilde de lo que piensan quienes le retratan como un artista encerrado en su obra —”yo no busco; yo encuentro (…) No pinto lo que veo, pinto lo que pienso (…) No evoluciono, yo soy. En el arte, no hay ni pasado, ni futuro. El arte que no está en el presente no será jamás”, afirmaba en una defensa a ultranza del cambio y la exploración permanentes—, Picasso trabó relaciones duraderas y de intercambio de habilidades con artesanos de primer nivel que le enseñaron los rudimentos y principios básicos de muchas técnicas.

Un génie sans piédestal muestra gran cantidad de obras que surgieron de la relación del artista con el trabajo en madera del tallista, ebanista y escultor simbolista Paco Durrio; en cerámica de Suzanne y Georges Ramié, aliados en el influyente Taller Madoura, en cuyas dependencias Picasso aprendió el arte de la alfarería, tanto en barro como en cerámica; en orfebrería de François Hugo, nieto del escritor Víctor Hugo; en linograbado de Hidalgo Arnéra); en textil de Marie Cuttoli, y en chapa recortada de Lionel Prejger, con quien firmó al alimón la expresiva escultura Mujer con los brazos extendidos.

El uso de lo cotidiano en su dimensión más prosaica —objetos de desecho usados para crear juguetes o piezas de orfebrería—, pero también más personal —la serie de esculturas ensambladas La mona y su cría (1951), en la que Picasso combinó objetos encontrados y materiales reciclados a la manera de su admirado Jean Dubuffet, padre del art brut— demuestra, dicen los organizadores de la exposición, que Picasso “se reafirma como el verdadero símbolo de una nueva cultura popular” al ser capaz de integrar lo íntimo, los orígenes, el retorno a la infancia —otro de sus temas eternos, como se aprecia en Muchacha con aro (1919)— y la fuerza creativa para “construir una nueva relación con el mundo”.

Para explicar el anhelante discurrir entre disciplinas de Picasso, en el MUCEN acuden a una pertinente cita del discurso de aceptación del Nobel de Literatura de 1957 por Albert Camus, también, por cierto, amigo de Picasso: “El arte obliga al artista a no aislarse, le somete a la verdad, a la más humilde y más universal. Por ello, los verdaderos artistas no desdeñan nada”.

Ver más en: http://www.20minutos.es/noticia/2692897/0/picasso/alfareria-juguetes-toreo/exposicion-mucem-marsella/#xtor=AD-15&xts=467263

 

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