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Penelope y Aracne

Según parece, la fiel y prudente Penélope, esposa de Ulises, tenía ante sí un telar vertical de los llamados de alto lizo cuando, como canta Homero, “alzó en su cámara un gran telar en el que tejía un velo largo y fino […]. Pero de día trabajaba en la gran tela, y durante la noche deshacía la labor a la luz de las antorchas.

Penélope , en su interminable angustia, perpetuaba el gesto de la presuntuosa Aracne, tan discreta en la práctica de su arte: “Lo mismo cuando empezaba formando redondos ovillos con la lana bruta” -dice Ovidio- “que cuando la moldeaba con los dedos y, trabajando el producto del esquileo semejante a copos de nubes, la estiraba en largas hebras flexibles, o cuando hacía girar con el pulgar el pulido huso, e incluso cuando bordaba con la aguja, siempre se echaba de ver que había recibido lecciones de Palas”.

Aracne, muchacha obstinada, no quiso ceder el primer puesto a la diosa. Su habilidad le sería funesta: “Sin perder instante, ambas instalan, uno junto a otro, sus dos telares, y tienden en ellos los hilos sutiles de la urdimbre. Los largueros del telar están unidos por el travesaño; una caña mantiene separados los hilos de la urdimbre. Entre ellos se insinúa, por medio de puntiagudas lanzaderas y bajo el impulso de los dedos ágiles, el hilo de la trama que, una vez introducido en la urdimbre, oprimen los dientes recortados del peine con pequeños golpecitos. Ambas trabajan aprisa, con las mangas de sus túnicas remangadas hasta el pecho, y mueven sus manos expertas con una dedicación que les hace olvidar su fatiga. En el tejido se incorporan la púrpura procedente de las cubas de bronce tirias y los tonos más profundos separados por ligeros matices; del mismo modo, el choque de la lluvia con los rayos del sol dibuja en el cielo un arco de curva inmensa y matizada: aunque en él brillan mil colores diferentes, la transición entre unos y otros escapa al ojo que contempla el espectáculo: tanto se confunden en el punto de contacto. Y, sin embargo, grande es la diferencia entre los más alejados. COn los hilos se mezclan el oro flexible, y sobre la tela se desarrolla la representación de historias antiguas”.

Tal vez lo que representaba Aracne fuese un desafío adicional: los amores abusivos y pastorales de los dioses; un aprisco nada inocente -más bien un zoológico- donde toros, vacas, carneros, caballos, águilas, cisnes y serpientes se abrazaban a pastores y pastoras, y donde hasta la hiedra de la orla hacía el amor con las flores. Sabido es que su obra le valió ser transformada en esa araña execrada que sigue adornando pacientemente nuestros desvanes con sus finas colgaduras…

Pero Homero, Ovidio, Penélope y Aracne son referencias a esa visión occidental, europeocentrista, de todas las cosas de las que tanto trabajo nos cuesta deshacernos

En realidad, los egipcios de la XVIII dinastía practicaban ya la tapicería, el arte de abrigar las paredes y los muros de las viviendas y los templos cubriéndolos con colgaduras, casi dos mil años antes de nuestra era.

Las ilanderas

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